Mi preciosa sobrina Laurita me propuso hace varias semanas, por no llamarlas meses, un tour por su nueva morada, sita a un par de zancadas de la de mi "santa marre", en Algeciras city. Cuando se hartó de esperar, marcó fecha y hora en el calendario, coincidente, por obra y gracia de los dioses del Olimpo, con la enésima tarde de granizo, lluvia y viento, regalo de fin de curso de este invierno de mis entrañas. La chiquilla vino a recogernos en coche para que no se mojaran nuestras impecables cabecitas locas y pilláramos un mal catarro, que bastantes acumulamos ya.
Tras el entusiasta saludo de Golfo, el tour y la consiguiente tormenta de ideas sobre tirar paredes, mover muebles o colocar cortinas, disfrutamos de una merendola de las épicas. Mari, madre de Laura, suegra de Martín y buena amiga de las Casasola, había cocinado un pastel de piña, rico, fácil y resultón, de los que a mí me gustan.
Dejo la receta que, como no, solicité a las anfitrionas.
Ingredientes:
Mantequilla derretida, unas 4 cucharadas
Una lata de piña en rodajas y su jugo.
4 huevos
Medio vaso de azucar
Un vaso y medio de harina
Un sobre de levadura
Caramelo líquido
Medio vaso de ron o algún licor para alegrar la vida.
Modus faciendii:
Elegir un molde tipo rustidera en la que entren unas 6 y 8 rodajas de piña en dos filas.
Untar el molde con un poco de mantequilla derretida. Añadir caramelo líquido formando montoncitos de dicho elemento donde vayan colocadas las rodajas y disponer estas encima.
En un vol, batir los huevos con el azúcar, la harina y la levadura. Añadir el resto de la mantequilla derretida al vol, volver a batir y verter la masa en la rustidera sobre las rodajas de piña.
Llevar al horno unos 30-40 minutos a 170°
Cuando se enfríe el bizcocho, emborrachar con un vaso lleno mitad de jugo de la piña y mitad de algún licor o "bebida espirituosa". Presentar en una bandeja y ¡a comer!
Riquísima. Por cierto, yo que no soy muy de repetir, me eché al body dos buenas porciones.
La tarde acabó con tertulia y alegatos sobre la benevolencia de las sartenes made in Ikea, además del posterior pedido masivo "on line" desde el enorme TV instalado en el salón. Curiosamente, a todas nos hacía falta algo del batiburrillo sueco.
Iba siendo hora de irse, aprovechamos un intermedio del aguacero vespertino para levantar el campo y volver a nuestras rutinas, aunque no habíamos asomado los bigotes por el portal cuando empezó a caer otra vez agua a jarros. Hasta Golfo dijo que se quedaba a cubierto. ¡Que le vamos a hacer! La Virgen de la Cueva debe andar entretenida.